La empresa argentina Fate S.A.I.C. anunció el cierre definitivo de su planta ubicada en Virreyes, partido de San Fernando, poniendo fin a más de ocho décadas de producción nacional. La decisión implica la desvinculación de aproximadamente 920 trabajadores.
La noticia generó conmoción entre los empleados, que al llegar al establecimiento se encontraron con la confirmación del cese de actividades. La medida impacta de lleno en la industria del neumático y reabre el debate sobre el presente del entramado productivo argentino.
Los argumentos de la empresa
Desde la compañía señalaron que el contexto actual del mercado, marcado por la apertura de importaciones y una caída en la competitividad local, habría vuelto inviable la continuidad operativa de la planta.
En los últimos meses, el sector venía atravesando dificultades vinculadas a la baja en las ventas internas y al aumento de neumáticos importados a menor costo.
Tensión sindical y contexto político
El cierre ocurre en paralelo al tratamiento legislativo de la reforma laboral impulsada por el Gobierno nacional. En ese marco, la Confederación General del Trabajo ya había convocado a medidas de fuerza en rechazo a los cambios propuestos.
Referentes gremiales sostienen que la situación de Fate no es un hecho aislado, sino una señal de alarma sobre el estado de la industria nacional y el impacto que podrían tener las modificaciones laborales en discusión.
La Policía Bonaerense dispara balas de goma contra los trabajadores de Fate. Militarizó la planta para bancar la decisión de Javier Madanes Quintanilla, uno de los empresarios más ricos del país, de intentar cerrar la planta.
el testimonio de un trabajador tras el cierre de Fate
Un operario con años dentro de la histórica fábrica relató cómo se enteraron del cierre y describió la incertidumbre que viven cientos de familias.
Un símbolo de la industria nacional
Fundada hace más de 80 años, Fate fue una de las compañías emblemáticas del sector manufacturero argentino. Su cierre no solo representa la pérdida de casi mil puestos de trabajo directos, sino también un fuerte golpe para proveedores, comercios y la economía regional.
Mientras se esperan definiciones oficiales y posibles instancias de negociación, el futuro de los trabajadores afectados continúa siendo incierto.

